

La madrugada del Viernes Santo (popularmente la madrugá) es el momento culminante de la Semana
Santa. En la liturgia cristiana tiene el sentido de conmemorar las trágicas horas de la Pasión
de Jesús, que van desde la Santa cena (en la noche del Jueves santo) a la Crucifixión (sobre
las tres de la tarde del Viernes).
En Sevilla, supone la jornada cofradiera en la que se dan cita los máximos exponentes,
artísticos y devocionales, de la semana. Durante toda la noche y madrugada, hasta bien entrado
el día, la ciudad es un hervidero de público y emoción. La vigilia produce una sensación
extraña, en la que el ayer y el mañana se confunden, lo cual contribuye, sin duda, a crear la
atmósfera de misterio que parece envolver a la ciudad.
Desde que entra en Campana la primera cofradía de la madrugá, Nuestro Padre Jesús del Silencio,
sobre la 1 de la noche, hasta que se recogen los últimos palios, la Esperanza de Triana y la
Macarena sobre la 13.30 del viernes, transcurren doce horas. Es por eso que se plantean
normalmente dos opciones para la madrugada:
a) Vivir la madrugá desde sus primeros compases, saliendo a la calle sobre la 1 de la noche
para recogerse cuando empiece el día a clarear. Para eso, unos se recogen temprano la
tarde-noche del Jueves, para cenar y reponer fuerzas. Otros, los más temerarios, optan
directamente por vivir el Jueves Santo y la Madrugá sin solución de continuidad.
Son éstas las horas de mayor bullicio, en las que la visión de las cofradías, inmersas en lo
más profundo de la noche, nos revela momentos de la mayor intensidad emotiva.
b) Descansar las primeras horas de la noche para salir a la calle sobre las 4 de la mañana. En este caso es mejor aprovechar lo que queda de noche para contemplar las hermandades de negro, y a prestarse a vivir esa explosión de luz que son La Macarena, la esperanza de Triana y los Gitanos brillando a pleno sol. Todo ello como una parábola de noche –muerte y amanecer –resurrección.
Incluso después del alba se mezclan aquellos que, fatigados por toda la noche en planta aún resisten por ver a algunos de los principales palios de Sevilla, con aquel los otros, sobre todo familias con niños y personas mayores, que recién levantados y vestidos de domingo se aprestan a ver los momentos más brillantes de éstas tres hermandades camino de sus barrios.
Consejos para ver la Madrugá
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