

Aunque al visitante le suene extraño, por el orgullo que el sevillano tiene de la misma, la feria de Abril no es un invento de los sevillanos. Don José Maria Ybarra, primer conde de Ybarra, y Narciso Bonaplata, siendo Alcalde de Sevilla el Conde de Montelirio, son los artífices de tan Magno acontecimiento.
En principio era una Feria de ganado. Los tratantes se acomodan en casetas de lona, que sirven de cobijo a los negociantes. Alrededor se congregan tenderetes, quioscos, puestos de comida, bebidas, baratijas, y chucherías. La afluencia de compradores y vendedores hace correr el dinero, llegando distintas diversiones: artilugios verbeneros, teatrillos, etc...
Ante tal concepción festera, el pueblo no interesado en el comercio acude al recinto y organiza bailes bajo las lonas de las casetillas. Esto da lugar al engalanamiento de las mismas. De esta forma la parte lúdica se reafirma frente a la comercial.
Pero volvamos a la historia. La Feria se comienza a gestar en 1.846. Tras vencer la resistencia inicial del alcalde de la época (Conde de Montelirio) sus promotores, Ybarra y Bonaplata consiguen el apoyo del mismo. Esta falta de confianza viene dada a que en la provincia existía una gran feria ganadera (Mairena del Alcor) de gran importancia. Ello unido a la cercanía e importancia que tenía otra feria ya existente (Feria del Caballo, en Jerez) hacía que la corporación de la época no tuviera muy claro su éxito. En 1.847 queda oficialmente establecida en Abril la Feria, con una duración de 3 días.
La Feria de Abril recibe su primer gran impulso en 1.865. Una vez vista su viabilidad, el Ayuntamiento acomete una serie de reformas estructurales para hacer de la misma un escaparate provincial, regional, nacional e internacional de la ciudad. De este modo la ciudad y sus habitantes asumen dicho acontecimiento como propio.
En 1889 el Real de la Feria (nombre que recibe el recinto, gracias al apoyo de la Reina Isabel II, en fechas anteriores) comienza a tomar forma de manera parecida a la actual, una vez formalizadas sus mejoras y engalanamiento.
El Ayuntamiento (1.910) difunde la Feria y sus atracciones populares en folletos editados por el mismo. Dicho folleto recoge el dato fehaciente por el cual queda demostrado la afluencia de público extranjero. En esa época la feria es enriquecida por batallas florales, competiciones deportivas, carreras de caballos y grandes festejos en la Maestranza.


Con motivo de la Feria Iberoamericana, el lugar geográfico de la misma varía se traslada hacia la zona sur del Prado. Lugar en el que permanece hasta 1.972.
Como señalábamos al principio de esta breve reseña histórica, la Feria ganó en aspecto lúdico y perdió el comercial, se convirtió en un espacio para la diversión de visitantes y habitantes de Sevilla y su comarca. Esto unido a la visita de personalidades en distintas épocas hizo de la misma un acontecimiento con proyección internacional.
Tras 125 años en el Prado de San Sebastián y de agrandarse de forma exagerada hacia terrenos colindantes (Parque de María Luisa, Huerta de la Salud, Audiencia…) el Ayuntamiento decide trasladar su emplazamiento al actual Barrio de los Remedios, cerrando un ciclo (1.847-1.972).
Veintiocho años más tarde el actual recinto se ha consolidado. Sus calles con nombres de toreros y su perfecta ordenación hacen del mismo un lugar perfecto.
Pero la Feria tiene ante sí un nuevo desafío. Debido a la demanda de peticiones para nuevas casetas, junto con la reclamación por parte del Ministerio de Defensa de unos terrenos colindantes, abre un debate para un nuevo traslado. Se habla de su posible ubicación en los terrenos del "Charco de la Pava", junto al Río Guadalquivir, en terrenos de la Expo 92.
¿Será su futuro?. La solución en abriles.
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