

La vida en el interior de la caseta es la esencia de la feria. Aunque, y eso salta a la vista, no todas las casetas son iguales, ni en su estructura ni en su animación. Una gran caseta de alguna asociación o club ofrece las ventajas de la amplitud de espacios y de las actuaciones en directo. Pero son muchos los que prefieren el encanto de una pequeña caseta de las llamadas "familiares", esto es, formadas normalmente por grupos de diez o quince socios. Las sevillanas son , normalmente, enlatadas, y el espacio libre puede escasear en cierto momentos, pero en estas casetas casi todo el mundo se conoce. Las posibilidades de vivir momentos de arte son mucho mayores en este ambiente.
A la caseta accedemos por invitación de alguno de los socios. Normalmente, al llegar somos agasajados con la primera "convidá". Desde ese momento, la caseta se convierte para nosotros en el territorio de la conversación, la amistad y el baile por sevillanas. Aunque este último tema merece tratamiento aparte.
Consejos en la caseta
Estar en la caseta de un amigo no se puede asimilar a estar en un bar con un amigo, sino más bien a estar en la casa de ese amigo asumir esa premisa es importante para tener clara la forma de ser y de estar en la caseta.
Ser invitado a una caseta no significa que el anfitrión se tenga que pasar la noche arrimándonos raciones y botellas de manzanilla, aparte del primer agasajo. El "gorrón" de feria no es un personaje demasiado popular.
Sea prudente en el tiempo de estancia y en la cantidad de visitas a la caseta de su amigo, sobre todo si el espacio en ésta no es muy abundante. Este consejo es mucho más fácil de seguir si disponemos de una amplia cartera de amigos con caseta para poder ir alternando.
El vino
No sería posible entender lo fluido de las relaciones humanas en Feria de no ser por esos dorados lubricantes que son los caldos de Jerez y de Sanlúcar. Aunque para algunos fino y manzanilla conforman una santísima dualidad, en realidad no es a ellos a quién se rinde culto en la feria. Los feriantes practican una monoteísta adoración a la Amistad, de cuyos ritos y celebraciones estos vinos ocupan un papel litúrgico esencial. Pero nadie debe confundir el fin con los medios.
Cuando se publican todos los años las macro cifras del consumo alcohólico en la Feria, las ingentes multitudes de botellas vacías y los mares de vino a los que éstos dieron origen puede llevar a cualquiera a pensar que la Feria de Abril es algo así como una gran borrachera colectiva de siete días. Nada más lejos de la realidad. El borracho de Feria es la excepción a la regla.
Pero... ¿cómo es posible este aparente milagro del disfrute de la abundante decantación vinatera sin sufrir sus indignas consecuencias?. Si se pregunta a los sevillanos, éstos contestan como un solo hombre: el vino de Feria bien rebajado. Los bodegueros sin embargo insisten en que eso no es más que un rumor y se afanan en demostrar que la graduación es la misma de siempre. Este entrañable debate se reitera año tras año, desde que la Feria es feria. Mas razonable parece dirigir la mirada hacia las pautas de consumo de la manzanilla y el fino. Se bebe poco a poco, siempre comiendo algo, y además, no se para quieto: baile, cante, paseo de una caseta a otra, ...
Lo propio es, por tanto, mantenerse "a tono" justo en este estado de euforia consciente y con (casi) pleno control de las facultades. Claro que permanecer durante horas, o días, en ese filo de la navaja es tarea de expertos feriantes.



El Baile por sevillanas
Las Sevillanas son las reinas de la Feria. La sevillana contemporánea no puede considerarse un cántico regional sin más. Constituye todo un genero, en el que decenas de grupos cada año se afanan por poner en el mercado infinidad de temas nuevos.
Si no se saben bailar, nos perdemos una parte de la diversión. Claro que, en el caso de los hombres este desconocimiento es menos grave: la mayor parte de ellos improvisan siguiendo, de manera más o menos garbosa, los pasos de la mujer. Nadie en sus cabales puede pretender aprender a bailarlas de buenas a primeras. Pero en la feria, ¿quien está en su cabales?.
Las Sevillanas son la más genuina expresión el alma del sevillano. Para la especialista Concepción Carretero, la sevillana trasluce jovialidad, salud y alegría, todo es desbordante y controlado a la par. Es jovial sin desenfreno; saludable por su ejercicios equilibrados; alegres sin molestar por ello, tan sólo contagia.
El galante cortejo que se ha mantenido durante las tres primeras coplas desemboca en la cuarta en incontenible pasión. Ahora se cambia de cara la pareja de un lugar a otro. La insinuación ha dado paso al descarado deseo. Las miradas han perdido su recato y a intervalos insistentes se cruzan ligeras y profundas. Calor, color y dinamismo ascienden reflejándose en los rostros. De pronto termina el baile y la pareja queda quieta en su bella estampa del bien parado.
Consejos para mantenerse a flote en un mar de manzanilla
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