

Ver una cofradía puede parecer algo relativamente fácil: el cortejo transcurre a lo largo de la ciudad y, en cualquier punto de su recorrido (excepto en la Carrera Oficial), cualquiera puede acercarse libremente a disfrutar de su contemplación. Sin embargo, es necesario tener en cuenta una serie de principios. En primer lugar, muchas de las cofradías realizan buena parte de sus recorridos por calles más o menos estrechas del casco antiguo. Algunas incluso buscan deliberadamente desarrollar su itinerario por los recovecos más pintorescos posibles. El tránsito de los pasos por "marcos incomparables" es fundamental en la composición de la obra de arte, pues el urbanismo de la ciudad se convierte en escenario de los momentos cumbres de la pasión y la muerte de Jesucristo. También un paso de palio, iluminando con su candelería una plazuela recóndita de Sevilla, el espectacular trabajo de la cuadrilla de costaleros haciendo que el palio sortee sin problemas las dificultades de una calle angosta, o el envolvente sonido de una marcha cofradiera en una calle estrecha son componentes básicos de los mejores momentos de la semana.
Acercarse a esos puntos requiere cierta habilidad para las personas poco expertas. Perderse en el laberinto de calles que es el casco antiguo de Sevilla no es difícil, incluso para los sevillanos. Los mejores rincones, o al menos los más conocidos, para contemplar una cofradía pronto se llenan de público.
Por otra parte, aguardar de pié el tránsito completo de una procesión no siempre es buena idea. Algunas cofradías tardan en pasar íntegramente (desde la cruz de guía hasta la banda de música que suele acompañar a los pasos de palio) hora y media, a veces más, una experiencia como esa puede dejar nuestros riñones (y nuestros pies) inhabilitados para el resto de la jornada. Por supuesto, siempre queda la alternativa de alquilar una silla en algún punto de la carrera oficial.
Consejos para ver cofradías
Antes de iniciar su jornada cofradiera, trácese un esquema básico de lo que quiere ver y dónde. Sobre él podrá ir más tarde estableciendo las variantes que crea más convenientes.
No se obsesione por verlo todo. Parta de la base de que eso es imposible, no ya en el tiempo que permite una Semana Santa, sino a lo largo de toda un vida sevillana dedicada al empeño. Un buen lema: calidad antes que cantidad.


Piense en el tiempo que va a estar de pie, o andando, y póngalo en relación con su edad o condición física. Establezca todas las paradas que sean necesarias (e incluso alguna más) en las estupendas terrazas y veladores que llenan la ciudad.
Aunque muchos lo hacen, no es buena idea seguir el recorrido de los pasos situándose delante de ellos. Esto es sumamente incómodo (pisotones, apreturas, empujones...) y además resulta molesto para los que contemplan la cofradía desde los lados y para el mismo paso, que ve dificultado su tránsito.
Pregunte a los sevillanos siempre que quiera. La inmensa mayoría se muestra gustoso de aconsejar a los visitantes sobre los lugares y momentos más interesantes de cada día.
Para observar en detalle ese tesoro artístico que suponen los pasos, insignias y demás elementos que componen el cortejo procesional, lo mejor es dirigirse, el mismo día de la salida pero por la mañana, a los respectivos templos. Aquí se encontrará todo expuesto con parte de las velas (candelería) encendida y todas las flores colocadas, esperando el momento de la salida.
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